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Cuántas veces

“Hablarte o deshablarte/ dolor mío/

manera de tenerte/ destenerte/”

Carta abierta, 1980, Juan Gelman

Cuántas veces he leído “Carta abierta a mi nieta o nieto” deseando que fuera yo, aquella a quien buscaban. Cuántas veces deseé una llamada de Hay una cosa que te quiero decir, programa telebasura que había que odiar, pero con el que yo lloraba. Cuántas veces vi One Child Nation y ansié ser yo, aquella a la que su hermana biológica preguntaba: qué tal te va la vida, y le repetía una y otra vez lo mucho que la había echado de menos. La imposibilidad de no poder afirmar mi propia identidad me retiene en un punto inerme. Creo que tengo 22 años. En los datos oficiales fecha el día 1 de septiembre de 1998 como mi nacimiento, pero quién sabe si es verdad. Yangzhou puedes escribirlo con H, Hangzhou, es lo mismo (pero no lo es, me di cuenta hace un par de semanas). Otro bloqueo, otra incógnita en mi vida. Como decía, en Yangzhou, (tengo que mirar cómo se pronuncia, cómo se escribe), ciudad de la provincia de Jiangsu, consta que me recogieron. En una parada de autobús, naciste viajera, qué gracioso. Tampoco sabe nadie si es cierto. 

Derrida decía: “Es posible ser monolingüe (yo verdaderamente lo soy; ¿no es así?) y hablar una lengua que no es la propia” y yo no me reconozco en el espejo hablando un idioma que no es el mío. Cómo no me van a insultar si he robado, de nuevo, lo que no es mío. No sé si alguna vez te planteaste que pudiera acabar creciendo fuera del país, perdiendo poco a poco todo lo que en un principio fui y que ahora (sí, hoy también) mi identidad nazca de una pérdida de base. Me pregunto si no me quieres, porque soy yo y no otra, porque soy mujer y valgo menos. Me pregunto si me quieres, porque soy yo y no otra. Me pregunto dónde estás y si me piensas todos los días, una vez al mes o una vez al año. Si celebras el día de mi nacimiento, ese que desconozco. Si me llamas por mi nombre, ese que desconozco. Si me buscas en el lugar equivocado. Si todo eso es cierto,

quiero que sepas que yo también te busco en mis sueños, en mi pensamiento, en mis recuerdos: paseo por las calles estrechas de un pueblo que creo que es el mío. Caras extrañas que me miran porque no soy de aquí, (de allí). Cuchichean entre ellas para que yo no descifre lo que dicen. Sonrío, porque no saben que todo eso da igual, y continúo. ¿Me querrás cuando veas que no te entiendo, pero que hago por entenderte? ¿Si tengo andares y ropas occidentales? Cuando mi pensamiento se rija por unos estándares europeos teñidos de existencialismo y odie la política china y la Ley de Planificación Familiar, también conocida como la Ley del Hijo Único, y su creencia en la colectividad nacional, que olvida el valor individual de las personas y las trata como piezas de un engranaje, herramientas al servicio de un bien mayor, una vez más, y mi ciudad de culto sea Roma (y no Pekín, a pesar de haberla visitado) y tararee canciones ochenteras, pop internacional norteamericano, baladas de rock y mis autores de cabecera sean de Latinoamérica y no me aproxime ni lo más mínimo al paradigma canónico occidental; pero tampoco al oriental, sea cual sea este. Cuando no conozca las canciones populares chinas, los cuentos familiares y las historias de una genealogía ignota para mí, ¿lo harás? 

En el momento en que te des cuenta de que no quiero regresar a China porque mi vida ahora está en España, de que mi familia, a la que profundamente amo, es un matriarcado: mi madre, Carmen; mi tía, Rosa; mi abuela Rosita; y mi hermana, Raquel. También ella nació en China, en una ciudad muy muy alejada de aquí, de donde ahora quiera que estemos. Pero la vida, esa maldita, nos unió. Y la familia no tiene que ver con la sangre, no tiene que ver con la sangre, no lo tiene, pero sí, ¿lo seguirás haciendo? Cuando veas que España me rechaza cada día, me violenta y me castiga, pero que lucho para que no sea así y para que mis hijos, esos que no tengo, vivan algún día sin ser discriminados por heredar de mí estos ojos con los que convivo y que siempre he odiado, esta nariz chata y esta cabeza plana. Cuando me desnude ante ti y veas mis pies grandes y anchos, mis zapatillas del número cuarenta; una barriga un poco acolchada, de cuando peco con alguna que otra cerveza, pizza y hamburguesa; mi pelo rapado, que me corté creyéndome que sería un sansón revertido; mis uñas mordisqueadas y mal cortadas; los moratones de mis piernas, de todas las veces que tropiezo. Al finalizar el día, me quitaré las lentillas de casi siete dioptrías y beberé una botella de litro y medio de agua para poder tragar todas las pastillas que me mantienen con vida: estas para la ansiedad, estas para el colesterol, estas para las bajas defensas y estas para el dolor de cabeza. Y te confesaré que no es la primera vez que te escribo, que llevo una decena de cartas quemadas dirigidas a ti por orden de tantos psicólogos. Y percibirás este carácter tan pobre y cobarde y desagradecido, que se obsesionó en su adolescencia y juventud por sacar buenas notas creyendo que eso era lo único bueno que tenía, que fue humillado por profesores de literatura, como ya poetizó Cadenas, que no valora esta vida mejor, que la que pudiera haber tenido, que huye ante la pérdida y el abandono porque les tiene miedo y sabe reconocerlos, porque, por mucho que cierre los ojos y me esconda bajo las sábanas con muchas capas de mantas, mis temores más silenciosos y perpetuos me acompañan en mis parejas y en mis amistades.

Cuando descubras que fui a clases de chino durante años y sigo sin ser capaz de pronunciar una frase de manera correcta (y lo peor de todo, al descubrir que fui yo, y solo yo, la que se rindió ante los caracteres y las tonalidades). Descubrirás también que regresé a China y que tal vez, muy a tu pesar, me rechazó por no ser china china. Porque no soy china, ni española. (Nunca me he regido por esos parámetros, pero los demás sí me han regido a mí). Me reduzco a una mota de existencia, que siempre está en el borde tambaleándose hacia un lado, hacia el otro, dependiendo de hacia donde marque el viento de la AEMET. En una explanada limbiana con otras niñas adoptadas, segundas generaciones de personas migrantes que llevarán la marca de Caín por sus restos y todos esos niños que alguna vez fueron robados. En un puente entre dos mundos, dos realidades, dos culturas; por debajo de él (arrastrándonos en el barro, ya pisoteado); cargando con él. Sigo el recorrido de las puertas hasta llegar a ti y solo cuando te tengo, agarro la nebulosa de mentiras a la que me aferro, te entrego esta carta que sé que no entenderás, y aquí, en el único lugar en el que nos es posible reencontrarnos,

Inés Haixun Herrero

Por antirracismoasiatico

¡Hola! Soy Inés. Fui adoptada en China y he crecido en España. Intento luchar contra el racismo asiático y crear una comunidad donde apoyarnos.

2 respuestas a “Cuántas veces”

Deep message my friend. Para mi siempre quedó la curiosidad de qué hubiese pasado si no hubiese sido adoptada y hubiera crecido con mis padres biológicos pero no sufrí ningún tipo de trauma por ello. Tampoco he aprendido chino como muchas de vosotras habeis hecho aunque es una de las cosas que quiero hacer sí o sí porque me interesa y quiero poder hacerlo. También es cierto como has mencionado que no podemos saber a ciencia cierta si esos lugares, esas fechas de nacimiento son realmente las nuestras y a pesar de que nos dieron un nombre nunca sabremos si es el que nos pusieron nuestros padres o no. También es cierto que no somos chinas pues no tenemos la nacionalidad ni nada que nos relacione pues aquí las leyes, los valores, son diferentes a las de China pero que tampoco somos españolas del todo a pesar de haber estado aquí practicamente toda nuestra vida y tener la nacionalidad. Siempre seremos para algunos ajenas a España o al país en el que vivamos por el simple hecho de tener otros rasgos pero no por eso deberíamos ser racializadas ya sea en mayor o en menor cantidad e intensidad por ser como somos.
Cada una a tenido una experiencia diferente y habrá unas cosas malas y otras buenas pero al final todas las que seguimos en pie hemos conseguido llegar hasta aquí siendo quienes somos y más fuertes que al principio.
Saludos Inés 👋😘.

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