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Paloma Chen, poesía y otrerización

“¿Es mi cuerpo territorio neutral cuando sufre una disociación entre mi nombre, mi rostro y mi recién estrenada nacionalidad?” 

Paloma Chen, periodista y poeta, nació en Alicante en 1998. Su trayectoria poética se ha hecho pública recientemente a través de ganar el  II Premio Nacional de Poesía Viva “ L de Lírica” 2020, recibido en la RAE, y de participar en festivales poéticos, como Irreconciliables, IX Festival Internacional de Poesía de Málaga, o Vociferio Festival de Poesía de Valencia; pese a que la escritura haya sido su refugio desde que era bien pequeña.

Su poesía, como ella afirma, parte de una experiencia intercultural híbrida, que comienza en el momento en que sus padres emigran de China y se instalan en España, donde ella nace. Así, su línea indagatoria más sólida es la búsqueda de pertenencia, fuerte experiencia personal, que la acompaña en todos sus espacios. La poeta nos expresa su gran anhelo de pertenecer a algo, a pesar de que confiese:  “Nunca lo he encontrado en el mundo exterior, pero tampoco en mi familia china”, sentimiento que le hace trasladar su búsqueda al campo poético, en el que es capaz de reconocerse en un espacio nostálgico, imaginario e inexistente.

Asume que es un lugar que está en su mente, en su familia, en sus recuerdos y también en todos los restaurantes chinos del mundo: “Me siento como en casa cuando estoy caminando por el barrio chino de Valencia.” De este afecto,  nace su proyecto audiovisual Crecer en un “chino”, en el que proyecta la voz de aquellos jóvenes descendientes de familias chinas marcada por la migración en España, que viven marcados por prejuicios y estereotipos sociales. Desde su latente humildad, Chen respeta el pensamiento de todas las personas que se reconocen en sus mismas circunstancias vitales y alega que cada una debe encontrar la forma en la que sentirse más segura. Ella, después de sufrir el rechazo externo que le hizo ver que España tal vez no era su lugar, encuentra este amparo en la diáspora china. Un pasaje que dota de significación: “La diáspora china es de las más grandes. Se instala en el sudeste asiático, en América y en Europa, por ejemplo. Y es aquí donde pertenezco: a esta comunidad universal que desciende de la comunidad china y que está marcada por la historia del viaje, de la aventura y de la inmigración. Es una historia subversiva: ir a otro lugar a tener hijos extranjeros.”

Su  autobiografía es fundamental en su obra, aunque mantiene firme su rechazo hacia el concepto de poesía confesional asociada, sobre todo, a las mujeres en una tendencia machista de considerar conceptualmente la obra femenina. Hablemos, pues, de la circunstancia social, de la vida cotidiana y de la experiencia, nos sugiere la poeta. Por ello,  no considera la poesía un arte sagrado o individual que se vincula al genio creador, sino que lo concibe desde una producción colectiva y circunstancial que, personalmente en ella, nace de la diáspora china, de sus vinculaciones y experiencias.  Contempla también la escritura sin estímulos, desde el interior de una persona, pero desde la consciencia de que ese devenir está conectado a una comunidad y así a todas las personas. 

Escribir desde el margen (el borde o la orilla) es, para ella, un resultado natural, ya que es el lugar que siempre ha habitado. Desde su subjetividad, lo define como una circunstancia desde la cual ha crecido, prosperado y desde donde, a día de hoy, resiste. Por ello, al no considerarlo un mérito, no es para ella un orgullo personal, aunque se sienta orgullosa de sus orígenes y condiciones. Añade en su poesía, además, el concepto de “herida”: una herida migratoria, en su caso, que permanece abierta y que resignifica en su creación. Es una unión y no un grito de guerra: “Esta herida es como mi casa: está abierta. Voy a dar la bienvenida a las personas a pesar del daño que nos ha hecho la sociedad. No nos vamos a cerrar, vamos a seguir abiertos y amorosos.”

Reconoce que no cree en nada, no cree que nada tenga significado. Sin embargo, más allá de este nihilismo, considera que nuestra tarea es asignarle el significado a todos los elementos y de esta manera vivir con ello, consecuentes y conscientes de este proceso. Por lo tanto, estima que los significados se pueden cambiar y este hecho no lo hace menos tangible o menos significativo, sino todo lo contrario: “Vamos a dejar de estar tan ensimismados en nosotros mismos, en nuestros problemas  y vamos a ampliar la mirada a ver qué les interesa a las personas.  Desde ahí, nos preguntaremos qué es todo eso y, sobre todo, qué es lo que me interpela a mí, qué es lo que me conmueve, porque en gran medida eso también me define. Soy una persona interesada en averiguar mi situación en el mundo y lo que puedo hacer para dotar de significado a cosas que, en el fondo, yo sé que no tienen ningún significado.”, defiende.

Le interesa, por tanto, todas las entretelas de la comunicación, las alianzas tejidas y los procesos de intercambio entre personas. Así, proclama que se define en relación a los demás y percibe la poesía como una experiencia conjunta de escritor y lector, donde el poeta siembra las palabras y el lector las recoge, ambos a la par siempre, como un mismo ente; a pesar de que ella sienta que uno escribe para sí mismo porque tiene una necesidad absoluta de ello, tenga o no tenga lectores. Paloma enuncia: “Lo que hago yo todo el rato es hacerme preguntas, sean coherentes o no” y, desde ahí, escribe.

Por ello, el ejercicio de la escritura ha sido vital para definir su identidad y su obra creativa, permitiéndole decidir un espacio de su historia, de su voluntad y de su vida. Chen se emerge en las preguntas: las lanza hacia lo externo y hacia sí misma. De esta manera, comienza a delimitar su escritura, en la cual, centrándose en sí misma, ve una diáspora que tiene sus mismas dudas. “Mi poesía, aunque no defina nada, es capaz de transmitir el sentimiento de pertenencia que tanto he buscado, a través de vivencias, experiencias y dolores compartidos.”  La poeta hace uso activo y consciente del lenguaje poético porque le permite ampliar la mirada y no limitarse al lenguaje expresivo ya existente, sino situarse en una lucha constante, que le permita acceder finalmente a la transmisión de un mensaje brillante. Y, ahí, ya no importa que este mensaje haya sido enunciado durante toda la historia de la humanidad, porque habrá sido capaz de encontrar una voz propia.

De esta manera, a través de su lucidez expresiva, defiende la libertad y es, por ello, que recurre a la poesía, para poder transmitir significados estructurando la palabra. Una libertad dual porque es consciente de que  todos aquellos que perciban su arte van a crear una conversación y una respuesta. Mantiene así que  la poesía es mucho más libre e interpretativa que el propio poder de la creación. 

Esta libertad la manifiesta a través de la unión de idiomas (chino y español) en su poética y el uso del verso libre, que le permite sobrepasar la métrica y conseguir que las palabras y las estructuras no la dominen y lograr, en última instancia, que el lenguaje limitado no la limite con el fin de ensanchar la expresión y romper el statu quo, al menos desde un espacio idealizado. Así, prima en ella el interés en la creación del lenguaje y sus relaciones. Sumergida en las poetas, Marylin Chin y Gloria Anzaldúa, porque, como ella,  intercambian las lenguas, más que como recurso literario, como vivencia personal; Paloma Chen se ve incapaz de expresar la totalidad de su mensaje sin utilizar diversos conceptos de diferentes idiomas. 

Chen, partiendo de su lengua materna (español), desde la cual propone su escritura, nos concede una de sus reflexiones más personales: “¿Por qué este idioma (el chino) que encaja con mi cara no es mi lengua materna?”. Esta cuestión le hizo rechazar el español, pero es hoy cuando revierte ese sentimiento y escribe por todos los años en los que la rabia se apoderaba de ella. Con los años, cada vez se siente más cómoda escribiendo en él y eso, le hace sentirse cada vez más libre y conseguir nuevas propuestas creativas. Así, desde el ensimismamiento que le produce la estructura del lenguaje, considera que es cautivadora la dinámica que te permite ver una lengua desde el exterior. Es decir, ser capaz de ver una lengua desde fuera, analizarla y conseguir ser más cuidadoso con las composiciones. 

Desde pequeña se refugia en las letras y así, en primera instancia, confiesa que por encima del periodismo quería vivir de escribir sin importarle sobre qué porque era el único espacio en el que se llegaba a sentir significativa. Sin embargo,  años después reconoció que no aceptaba cualquier cosa. Por ello, Paloma nos demuestra con sus versos que es capaz de sobreponerse a sus circunstancias y desde ahí, apelar a la emancipación de toda etiqueta, para, después, bajar a la realidad de nuevo  y subvertirla. Proclama que la literatura le cambia la vida porque esta no debe ser entendida desde lo racional, sino que se posiciona en la supresión de la lógica y relega la lectura a las emociones, a pesar de que las personas seamos una mezcla de todo ello. 

En definitiva, la poesía, y el arte, en general, lo considera un medio subversivo y revolucionario porque es, definido por ella como, “un rayo que te saca del ensimismamiento, que te parte y te deja la imagen”, acercándose a la fotografía o a la pintura más abstracta y a la performance, en ocasiones. Además, añade: “Te hace darte cuenta de que estás vivo. Con el lenguaje poético uno puede hacer lo que quiera y esto puede suponer una revolución para aquellas personas que lo leen. El arte, en el instante que llega a otra persona, es interpretado, y esa interpretación aunque no la veas, va a estar ahí. Hay que saber diferenciar las intenciones de las consecuencias.” Por ello, ante todo, no asume la palabra belleza en su obra porque connota normatividad:  “La poesía que leo, que me gusta, no es bonita. Es una poesía que me interpela, me sugiere, me estremece y me atraviesa.”

Invocación a las mayorías silenciosas

(En respuesta a la Invocación a las minorías silenciosas de June Jordan)


el talante integrador de la sociedad blanca es una película de quentin tarantino
la sirenita no puede ser negra
es inverosímil
ya sabe usted

no está en los ODS
y los negros no tienen cola de pez

HOY invoco a las mayorías silenciosas:
hemos venido a robar los trabajos
de los mejores ciudadanos
los que pagan impuestos y votan cada cuatro años

hemos venido a robar la manta en la que vendéis nikes
he venido de un Love Hotel llamado Asia a robarle el primer beso a harry he venido convirtiendo crisis en oportunidad
apadrinada, tolerada y aleatoriamente parada

he venido a llenar de rostros orientales los catálogos de las ong:
mujeres emprendedoras con los ojos operados,
niños lavaplatos explotados,
CEOs de éxito migrantes y racializados

he venido a construir en la plaza del ayuntamiento una estatua de Mao
a ordenar el viento y el agua de este luan qi ba zao

a dar sermones desde el púlpito
道可道非常道名可名非常名

a vender citas previas para renovar NIEs y DNIs
a ver vídeos de Mishima Yukio hablando en inglés
los fascistas de antes sí que tenían clase, joder!

como el mezcladillo de mercamujer
esa soy yo
portavoz del glorioso partido comunista
llámeme paloma chen
chen paloma
chen cong hui
chiñola diáspora
huayi huaqiao huaren

yo soy el virus
confucio tiene la culpa de todo
harrison canta my sweet lord en un pabellón rojo
qué es el arte sino plagio y decoración
qué es la política sino hashtags nutriendo la revolución


HOY INVOCO A LAS MAYORÍAS SILENCIOSAS
HOY INVOCO FILTRO Y TRADUCCIÓ
NHOY INVOCO ESPEJO, CONTAMINACIÓN
AULLIDO DE FLAMENCO VENIDO DE ABYA YALA
VOCIFERIO FLUIDO EN LO IMPURO LO MIXTO LO MESTIZO EL OXÍMORON EL CRISOL


hoy invoco a mis hermanas silenciosas:
nuestra historia está escrita en varios idiomas
los que solo entendíamos en la infancia

No nos pertenece nada
solo pertenecemos a la tierra
y a la suave cadencia de las palabras intraducibles

Os espero a vosotras y a las otras

a vosotras
a todas las de las mayorías silenciosas
las de las identidades fronterizas
las del alto al fuego
a vosotras
porque mi casa es vuestra casa
porque mi casa nunca está cerrada
porque nuestra casa
es la única
herida que
deberá
quedarse
siempre abierta

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Cuántas veces

“Hablarte o deshablarte/ dolor mío/

manera de tenerte/ destenerte/”

Carta abierta, 1980, Juan Gelman

Cuántas veces he leído “Carta abierta a mi nieta o nieto” deseando que fuera yo, aquella a quien buscaban. Cuántas veces deseé una llamada de Hay una cosa que te quiero decir, programa telebasura que había que odiar, pero con el que yo lloraba. Cuántas veces vi One Child Nation y ansié ser yo, aquella a la que su hermana biológica preguntaba: qué tal te va la vida, y le repetía una y otra vez lo mucho que la había echado de menos. La imposibilidad de no poder afirmar mi propia identidad me retiene en un punto inerme. Creo que tengo 22 años. En los datos oficiales fecha el día 1 de septiembre de 1998 como mi nacimiento, pero quién sabe si es verdad. Yangzhou puedes escribirlo con H, Hangzhou, es lo mismo (pero no lo es, me di cuenta hace un par de semanas). Otro bloqueo, otra incógnita en mi vida. Como decía, en Yangzhou, (tengo que mirar cómo se pronuncia, cómo se escribe), ciudad de la provincia de Jiangsu, consta que me recogieron. En una parada de autobús, naciste viajera, qué gracioso. Tampoco sabe nadie si es cierto. 

Derrida decía: “Es posible ser monolingüe (yo verdaderamente lo soy; ¿no es así?) y hablar una lengua que no es la propia” y yo no me reconozco en el espejo hablando un idioma que no es el mío. Cómo no me van a insultar si he robado, de nuevo, lo que no es mío. No sé si alguna vez te planteaste que pudiera acabar creciendo fuera del país, perdiendo poco a poco todo lo que en un principio fui y que ahora (sí, hoy también) mi identidad nazca de una pérdida de base. Me pregunto si no me quieres, porque soy yo y no otra, porque soy mujer y valgo menos. Me pregunto si me quieres, porque soy yo y no otra. Me pregunto dónde estás y si me piensas todos los días, una vez al mes o una vez al año. Si celebras el día de mi nacimiento, ese que desconozco. Si me llamas por mi nombre, ese que desconozco. Si me buscas en el lugar equivocado. Si todo eso es cierto,

quiero que sepas que yo también te busco en mis sueños, en mi pensamiento, en mis recuerdos: paseo por las calles estrechas de un pueblo que creo que es el mío. Caras extrañas que me miran porque no soy de aquí, (de allí). Cuchichean entre ellas para que yo no descifre lo que dicen. Sonrío, porque no saben que todo eso da igual, y continúo. ¿Me querrás cuando veas que no te entiendo, pero que hago por entenderte? ¿Si tengo andares y ropas occidentales? Cuando mi pensamiento se rija por unos estándares europeos teñidos de existencialismo y odie la política china y la Ley de Planificación Familiar, también conocida como la Ley del Hijo Único, y su creencia en la colectividad nacional, que olvida el valor individual de las personas y las trata como piezas de un engranaje, herramientas al servicio de un bien mayor, una vez más, y mi ciudad de culto sea Roma (y no Pekín, a pesar de haberla visitado) y tararee canciones ochenteras, pop internacional norteamericano, baladas de rock y mis autores de cabecera sean de Latinoamérica y no me aproxime ni lo más mínimo al paradigma canónico occidental; pero tampoco al oriental, sea cual sea este. Cuando no conozca las canciones populares chinas, los cuentos familiares y las historias de una genealogía ignota para mí, ¿lo harás? 

En el momento en que te des cuenta de que no quiero regresar a China porque mi vida ahora está en España, de que mi familia, a la que profundamente amo, es un matriarcado: mi madre, Carmen; mi tía, Rosa; mi abuela Rosita; y mi hermana, Raquel. También ella nació en China, en una ciudad muy muy alejada de aquí, de donde ahora quiera que estemos. Pero la vida, esa maldita, nos unió. Y la familia no tiene que ver con la sangre, no tiene que ver con la sangre, no lo tiene, pero sí, ¿lo seguirás haciendo? Cuando veas que España me rechaza cada día, me violenta y me castiga, pero que lucho para que no sea así y para que mis hijos, esos que no tengo, vivan algún día sin ser discriminados por heredar de mí estos ojos con los que convivo y que siempre he odiado, esta nariz chata y esta cabeza plana. Cuando me desnude ante ti y veas mis pies grandes y anchos, mis zapatillas del número cuarenta; una barriga un poco acolchada, de cuando peco con alguna que otra cerveza, pizza y hamburguesa; mi pelo rapado, que me corté creyéndome que sería un sansón revertido; mis uñas mordisqueadas y mal cortadas; los moratones de mis piernas, de todas las veces que tropiezo. Al finalizar el día, me quitaré las lentillas de casi siete dioptrías y beberé una botella de litro y medio de agua para poder tragar todas las pastillas que me mantienen con vida: estas para la ansiedad, estas para el colesterol, estas para las bajas defensas y estas para el dolor de cabeza. Y te confesaré que no es la primera vez que te escribo, que llevo una decena de cartas quemadas dirigidas a ti por orden de tantos psicólogos. Y percibirás este carácter tan pobre y cobarde y desagradecido, que se obsesionó en su adolescencia y juventud por sacar buenas notas creyendo que eso era lo único bueno que tenía, que fue humillado por profesores de literatura, como ya poetizó Cadenas, que no valora esta vida mejor, que la que pudiera haber tenido, que huye ante la pérdida y el abandono porque les tiene miedo y sabe reconocerlos, porque, por mucho que cierre los ojos y me esconda bajo las sábanas con muchas capas de mantas, mis temores más silenciosos y perpetuos me acompañan en mis parejas y en mis amistades.

Cuando descubras que fui a clases de chino durante años y sigo sin ser capaz de pronunciar una frase de manera correcta (y lo peor de todo, al descubrir que fui yo, y solo yo, la que se rindió ante los caracteres y las tonalidades). Descubrirás también que regresé a China y que tal vez, muy a tu pesar, me rechazó por no ser china china. Porque no soy china, ni española. (Nunca me he regido por esos parámetros, pero los demás sí me han regido a mí). Me reduzco a una mota de existencia, que siempre está en el borde tambaleándose hacia un lado, hacia el otro, dependiendo de hacia donde marque el viento de la AEMET. En una explanada limbiana con otras niñas adoptadas, segundas generaciones de personas migrantes que llevarán la marca de Caín por sus restos y todos esos niños que alguna vez fueron robados. En un puente entre dos mundos, dos realidades, dos culturas; por debajo de él (arrastrándonos en el barro, ya pisoteado); cargando con él. Sigo el recorrido de las puertas hasta llegar a ti y solo cuando te tengo, agarro la nebulosa de mentiras a la que me aferro, te entrego esta carta que sé que no entenderás, y aquí, en el único lugar en el que nos es posible reencontrarnos,

Inés Haixun Herrero

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LA AÑORANZA DEL PAPEL FUNDAMENTAL DE LOS PADRES ADOPTANTES

Hace unas semanas, a raíz de una sugerencia, decidí preguntar por experiencias y testimonios en relación a un tema conflictivo: la existencia de racismo en las familias interraciales. En concreto, aquellas formadas por una persona adoptada con rasgos raciales y unos padres adoptantes blancos. ¿Tienen estos actitudes racistas? ¿Son conscientes de estas? ¿Intentan aprender y corregirlas?. Reconozco que es una cuestión compleja y delicada, pero es necesaria debatirla para poder encontrar la solución al problema de base. Mi propósito no es crear un conflicto mayor entre familias y chicas/os adoptadas, sino todo lo contrario: ser capaces de encontrar una vía de comunicación con nuestras familias.

Esta reflexión está constituida por un total de veinte chicas españolas de diferentes edades adoptadas en China, quienes nos hemos animado a participar y poner en conjunto nuestras vivencias con la finalidad de mejorar nuestra propia situación y de todas aquellas que vienen en camino. A todas vosotras (y por todas nosotras):

“¡Cómo voy a ser racista si tengo una hija china!”

El papel de los padres adoptantes es fundamental en el crecimiento de las personas adoptadas. La importancia de este papel se incrementa si además se decide formar una familia interracial. Ser capaces de aceptar nuestras propias conductas peyorativas, involuntarias muchas veces, pero adquiridas en el entorno, y de asumir que los miembros de una familia con niñas/os racializadas, como cualquier persona más, no nacen deconstruidos es el primer paso para después poder educar en el antirracismo.

Esto quiere decir que, de la misma manera que reconocemos el machismo en mujeres por la educación sociohistórica recibida, es posible que el racismo esté tanto en personas racializadas como en sus propias familias. Es necesario trabajar en ello de forma consciente para poder mejorar, en este caso, nuestra propia existencia y la de las personas que, al igual que nosotras, sufren una discriminación social y sistemática.

Tratemos de cambiar reproches habituales, como: “¡Pero cómo voy a ser racista si tengo una hija china!”, por posturas más empáticas y conciliadoras, “¿Por qué esta actitud/ comentario te ha molestado?” “¿He dicho algo que haya podido herirte?, vamos a hablarlo.”, puesto que hacemos un flaco favor negando la inexistencia de actitudes racistas.

El racismo no está solo en la violencia física. Como se ha puntualizado ya en varias ocasiones, no tenemos por qué sentirnos ofendidos/as, sino verlo como un proceso de aprendizaje, ya que al tomar esta postura negativa, lo único que conseguimos es distanciarnos de nuestras hijas/os y establecer una pared compuesta de incomprensión, incomunicación e insensibilidad. Me gustaría, por tanto, destacar ciertas experiencias en las que nos hemos visto involucradas:

Mira ese chinito, y la verdad es que me he sentido algo incómoda.

Un día me peleé con uno de mis hermanos y él me dijo que era una inmigrante, que me volviera a mi país. Me hubiera gustado haberlo podido hablar todos juntos, ya que, por mucho que fuéramos pequeños, este tipo de situaciones se debe hablar de manera seria.

Ahora con la pandemia, escucho continuas referencias de mi familia hacia el coronavirus como ese virus chino. Me hace sentir culpable.

A ver cuando nos traes un noviete chinito. Un chinito como tú. No significa que por tener rasgos asiáticos me tengan que gustar personas iguales a mí.

No me gusta que mis padres comenten siempre que no quieren ver de nuevo esa película de chinos o que hagan referencia al Kpop como música de chinos, cuando les he dicho muchas veces que son coreanos.

Cuando voy con mis tíos a un restaurante chino, me hace sentir triste que se rían de cómo habla el o la camarera. Tampoco me gusta cuando vamos a una tienda de personas chinas y me dicen: Tú podrías trabajar aquí.

Mi tía me ha preguntado en alguna ocasión que si puedo ver bien.

Me incomoda cuando mis padres exclaman que se nota que algo es de los chinos porque se rompe fácilmente.

Mi padre con unos compañeros de trabajo dijo: Cómo voy a ser racista si mi hija es china. En ese momento no me molestó, le vi lógica incluso. Ahora, después de haber madurado más, no me parece realmente correcto ese comentario. Él lo dijo sin intención de hacer daño. Son ese tipo de cosas que uno lleva interiorizado, pero si lo volviera a decir, le diría que está equivocado porque tener una hija china no le exime de poder tener comportamientos racistas hacia otras personas.

De manera evidente, también nos desagrada escuchar comentarios racistas hacia otro tipo de comunidades: “Mis padres llaman chipis o moros  a los latinoamericanos o árabes de la ciudad.”, Si una persona cercana es incapaz de respetar otras realidades, ¿cómo va a ser capaz de aceptar y estimar la nuestra propia?.

La adopción es un relato con dos partes

En segundo lugar, creemos que es primordial aceptar la adopción y ser consciente de lo que realmente es y lo que conlleva. Tradicionalmente, el acto de adoptar se ha definido como: “Tomar legalmente en condición de hijo al que no lo es biológicamente”. El relato de la adopción, por tanto, se ha visto siempre sesgado y desde un solo punto de vista: el de los adoptantes. Sin embargo, la adopción se construye desde dos partes. No debemos olvidar que la adopción es una medida protectora de la infancia para proporcionar una familia definitiva a aquellas niñas y niños que por ciertas circunstancias no pueden residir en sus familias de origen.

Uno de nuestros deberes como educadores/ familias/ tutores es intentar ayudar a sanar las heridas de las personas adoptadas, que en ocasiones son variadas: traumas con el abandono (obsesión, miedos, desamparo), recuerdos con su etapa anterior (orfanatos, familias biológicas), ansiedad y estrés producido por el cuestionamiento de la propia existencia y actitudes agresivas o angustiosas entre muchas otras. En ningún caso, la voz de las personas adoptadas puede desatenderse. En la adopción tiene que primar el interés de la niña/o y el respeto de sus derechos. No debemos olvidar que la adopción, para las personas adoptadas, comienza con una pérdida. 

Si no estás conforme, vuelve allí a ver qué pasa

En relación a esto, muchas chicas de las que han participado han hecho alusión al chantaje emocional, conducta que se basa en la manipulación a través del miedo y la culpa con el fin de conseguir lo que se desea sin tener en cuenta los sentimientos o la voluntad de la otra persona. Al adoptar estas posturas, lo único que vamos a conseguir es aumentar esas heridas anteriormente mencionadas y muchas veces la adquisición de otras nuevas.

Mis padres me dicen cosas como: Si no te quisiéramos, no te habríamos adoptado y estarías en China, cuando discutimos. También: Si no estás conforme, vuelve allí a ver qué pasa.

Mis tíos hacen referencias continuas a la genética y a la importancia de la sangre. Me molesta bastante porque no soy menos hijo de mis padres por ser chino.

Mi madre dejó de trabajar para estar conmigo. Ahora siento que tengo que compensar que me hayan adoptado.

La novia de mi padre me dice: no es tu padre, es la persona que te adoptó.

No nos quieres, me han dicho muchas veces mis padres. También me preguntan que si quiero regresar a China.

Me repiten que he costado mucho dinero.

Esta actitud puede ser llevada al extremo contrario. Encontramos entonces la negación de la existencia de diferencias claras. “Mi hija no es china, es española.” Por supuesto que es española, pero son evidentes los rasgos raciales distintos, así como su origen. Estas posturas hacen que el cuestionamiento de nuestra identidad aumente generandonos en muchas ocasiones sentimientos de angustia. “¿Por qué las personas externas a mi familia me tratan entonces de manera diferente? No lo entiendo.” Una de las chicas que ha participado sugiere que sería buena idea que a los padres adoptantes se les formase en estos aspectos, ya que ahorrarían mucho sufrimientos a futuras niñas/os. Y yo, como muchas de nosotras, coincido con ella.

Me he criado como hija de unos padres con valores colonialistas, caucásicos y cosmopolitas. Yo misma he heredado esos valores y, como nunca han resaltado la diferencia racial, yo inconscientemente me percibo igual a ellos. La distorsión se produce cuando la gente no me percibe de la misma manera, ya que ven antes mis rasgos asiáticos y me convierto automáticamente en persona racializada.

Muchas veces mis padres han hecho comentarios racistas o microrracistas que ellos no veían como algo malo, pero a mi sí me molestaban y ellos no lo entendían. Yo para ellos soy española y no china.

En mi caso, mi padre más bien tendía a pecar de lo contrario. A decirme cosas como, bueno, pero tú eres española, no china. Es cierto, es mi nacionalidad. Aquí he crecido y me siento así, pero tampoco está bien eliminar algo innegable como mi raza y mi origen.

Luego además da por hecho que no tengo ningún interés en mi familia biológica y, aunque nunca lo he tenido, no sé hasta qué punto es decisión propia o está condicionada por esa asunción de mi padre, que se refleja en comentarios como: Pero, ¿tú a tu familia biológica no la quieres conocer, no? ¿Para qué?, o cosas parecidas que no dice con maldad.

“A pesar de que sabes que te quieren con locura, te duele.”

Cuando una familia decide adoptar a una niña o niño, no debe olvidar que esta/e, a pesar de que en el momento de su adopción fuera un bebé, trae ya consigo una mochila con experiencias que afectan a sus vivencias. Por ello, todas nosotras coincidimos en algo: en el papel fundamental de los padres y familias adoptantes. Su cercanía y su acompañamiento en etapas esenciales como la de negación, el cuestionamiento de nuestra identidad y todas aquellas dudas que nos puedan surgir.  Somos conscientes de que muchas veces no podremos alcanzar las respuestas, pero será un alivio contar con esa mano a la que nos podamos aferrar. El camino que cruzamos las personas adoptadas es interno, lleno de experiencias, sentimientos y pensamientos que son difíciles de procesar. Y más aún de verbalizar. Los padres, familias y tutores adoptantes que nos acogen tienen que ser conscientes de esto. Si esto no se acepta, nosotras consciente o inconscientemente terminamos por negarnos a compartir estas cuestiones vitales que nos afectan en el día a día. El racismo interiorizado lleva consigo comentarios y actitudes por su parte que, como bien dice un testimonio, “a pesar de que sabes que te quieren con locura, te duelen.”