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LA AÑORANZA DEL PAPEL FUNDAMENTAL DE LOS PADRES ADOPTANTES

Hace unas semanas, a raíz de una sugerencia, decidí preguntar por experiencias y testimonios en relación a un tema conflictivo: la existencia de racismo en las familias interraciales. En concreto, aquellas formadas por una persona adoptada con rasgos raciales y unos padres adoptantes blancos. ¿Tienen estos actitudes racistas? ¿Son conscientes de estas? ¿Intentan aprender y corregirlas?. Reconozco que es una cuestión compleja y delicada, pero es necesaria debatirla para poder encontrar la solución al problema de base. Mi propósito no es crear un conflicto mayor entre familias y chicas/os adoptadas, sino todo lo contrario: ser capaces de encontrar una vía de comunicación con nuestras familias.

Esta reflexión está constituida por un total de veinte chicas españolas de diferentes edades adoptadas en China, quienes nos hemos animado a participar y poner en conjunto nuestras vivencias con la finalidad de mejorar nuestra propia situación y de todas aquellas que vienen en camino. A todas vosotras (y por todas nosotras):

“¡Cómo voy a ser racista si tengo una hija china!”

El papel de los padres adoptantes es fundamental en el crecimiento de las personas adoptadas. La importancia de este papel se incrementa si además se decide formar una familia interracial. Ser capaces de aceptar nuestras propias conductas peyorativas, involuntarias muchas veces, pero adquiridas en el entorno, y de asumir que los miembros de una familia con niñas/os racializadas, como cualquier persona más, no nacen deconstruidos es el primer paso para después poder educar en el antirracismo.

Esto quiere decir que, de la misma manera que reconocemos el machismo en mujeres por la educación sociohistórica recibida, es posible que el racismo esté tanto en personas racializadas como en sus propias familias. Es necesario trabajar en ello de forma consciente para poder mejorar, en este caso, nuestra propia existencia y la de las personas que, al igual que nosotras, sufren una discriminación social y sistemática.

Tratemos de cambiar reproches habituales, como: “¡Pero cómo voy a ser racista si tengo una hija china!”, por posturas más empáticas y conciliadoras, “¿Por qué esta actitud/ comentario te ha molestado?” “¿He dicho algo que haya podido herirte?, vamos a hablarlo.”, puesto que hacemos un flaco favor negando la inexistencia de actitudes racistas.

El racismo no está solo en la violencia física. Como se ha puntualizado ya en varias ocasiones, no tenemos por qué sentirnos ofendidos/as, sino verlo como un proceso de aprendizaje, ya que al tomar esta postura negativa, lo único que conseguimos es distanciarnos de nuestras hijas/os y establecer una pared compuesta de incomprensión, incomunicación e insensibilidad. Me gustaría, por tanto, destacar ciertas experiencias en las que nos hemos visto involucradas:

Mira ese chinito, y la verdad es que me he sentido algo incómoda.

Un día me peleé con uno de mis hermanos y él me dijo que era una inmigrante, que me volviera a mi país. Me hubiera gustado haberlo podido hablar todos juntos, ya que, por mucho que fuéramos pequeños, este tipo de situaciones se debe hablar de manera seria.

Ahora con la pandemia, escucho continuas referencias de mi familia hacia el coronavirus como ese virus chino. Me hace sentir culpable.

A ver cuando nos traes un noviete chinito. Un chinito como tú. No significa que por tener rasgos asiáticos me tengan que gustar personas iguales a mí.

No me gusta que mis padres comenten siempre que no quieren ver de nuevo esa película de chinos o que hagan referencia al Kpop como música de chinos, cuando les he dicho muchas veces que son coreanos.

Cuando voy con mis tíos a un restaurante chino, me hace sentir triste que se rían de cómo habla el o la camarera. Tampoco me gusta cuando vamos a una tienda de personas chinas y me dicen: Tú podrías trabajar aquí.

Mi tía me ha preguntado en alguna ocasión que si puedo ver bien.

Me incomoda cuando mis padres exclaman que se nota que algo es de los chinos porque se rompe fácilmente.

Mi padre con unos compañeros de trabajo dijo: Cómo voy a ser racista si mi hija es china. En ese momento no me molestó, le vi lógica incluso. Ahora, después de haber madurado más, no me parece realmente correcto ese comentario. Él lo dijo sin intención de hacer daño. Son ese tipo de cosas que uno lleva interiorizado, pero si lo volviera a decir, le diría que está equivocado porque tener una hija china no le exime de poder tener comportamientos racistas hacia otras personas.

De manera evidente, también nos desagrada escuchar comentarios racistas hacia otro tipo de comunidades: “Mis padres llaman chipis o moros  a los latinoamericanos o árabes de la ciudad.”, Si una persona cercana es incapaz de respetar otras realidades, ¿cómo va a ser capaz de aceptar y estimar la nuestra propia?.

La adopción es un relato con dos partes

En segundo lugar, creemos que es primordial aceptar la adopción y ser consciente de lo que realmente es y lo que conlleva. Tradicionalmente, el acto de adoptar se ha definido como: “Tomar legalmente en condición de hijo al que no lo es biológicamente”. El relato de la adopción, por tanto, se ha visto siempre sesgado y desde un solo punto de vista: el de los adoptantes. Sin embargo, la adopción se construye desde dos partes. No debemos olvidar que la adopción es una medida protectora de la infancia para proporcionar una familia definitiva a aquellas niñas y niños que por ciertas circunstancias no pueden residir en sus familias de origen.

Uno de nuestros deberes como educadores/ familias/ tutores es intentar ayudar a sanar las heridas de las personas adoptadas, que en ocasiones son variadas: traumas con el abandono (obsesión, miedos, desamparo), recuerdos con su etapa anterior (orfanatos, familias biológicas), ansiedad y estrés producido por el cuestionamiento de la propia existencia y actitudes agresivas o angustiosas entre muchas otras. En ningún caso, la voz de las personas adoptadas puede desatenderse. En la adopción tiene que primar el interés de la niña/o y el respeto de sus derechos. No debemos olvidar que la adopción, para las personas adoptadas, comienza con una pérdida. 

Si no estás conforme, vuelve allí a ver qué pasa

En relación a esto, muchas chicas de las que han participado han hecho alusión al chantaje emocional, conducta que se basa en la manipulación a través del miedo y la culpa con el fin de conseguir lo que se desea sin tener en cuenta los sentimientos o la voluntad de la otra persona. Al adoptar estas posturas, lo único que vamos a conseguir es aumentar esas heridas anteriormente mencionadas y muchas veces la adquisición de otras nuevas.

Mis padres me dicen cosas como: Si no te quisiéramos, no te habríamos adoptado y estarías en China, cuando discutimos. También: Si no estás conforme, vuelve allí a ver qué pasa.

Mis tíos hacen referencias continuas a la genética y a la importancia de la sangre. Me molesta bastante porque no soy menos hijo de mis padres por ser chino.

Mi madre dejó de trabajar para estar conmigo. Ahora siento que tengo que compensar que me hayan adoptado.

La novia de mi padre me dice: no es tu padre, es la persona que te adoptó.

No nos quieres, me han dicho muchas veces mis padres. También me preguntan que si quiero regresar a China.

Me repiten que he costado mucho dinero.

Esta actitud puede ser llevada al extremo contrario. Encontramos entonces la negación de la existencia de diferencias claras. “Mi hija no es china, es española.” Por supuesto que es española, pero son evidentes los rasgos raciales distintos, así como su origen. Estas posturas hacen que el cuestionamiento de nuestra identidad aumente generandonos en muchas ocasiones sentimientos de angustia. “¿Por qué las personas externas a mi familia me tratan entonces de manera diferente? No lo entiendo.” Una de las chicas que ha participado sugiere que sería buena idea que a los padres adoptantes se les formase en estos aspectos, ya que ahorrarían mucho sufrimientos a futuras niñas/os. Y yo, como muchas de nosotras, coincido con ella.

Me he criado como hija de unos padres con valores colonialistas, caucásicos y cosmopolitas. Yo misma he heredado esos valores y, como nunca han resaltado la diferencia racial, yo inconscientemente me percibo igual a ellos. La distorsión se produce cuando la gente no me percibe de la misma manera, ya que ven antes mis rasgos asiáticos y me convierto automáticamente en persona racializada.

Muchas veces mis padres han hecho comentarios racistas o microrracistas que ellos no veían como algo malo, pero a mi sí me molestaban y ellos no lo entendían. Yo para ellos soy española y no china.

En mi caso, mi padre más bien tendía a pecar de lo contrario. A decirme cosas como, bueno, pero tú eres española, no china. Es cierto, es mi nacionalidad. Aquí he crecido y me siento así, pero tampoco está bien eliminar algo innegable como mi raza y mi origen.

Luego además da por hecho que no tengo ningún interés en mi familia biológica y, aunque nunca lo he tenido, no sé hasta qué punto es decisión propia o está condicionada por esa asunción de mi padre, que se refleja en comentarios como: Pero, ¿tú a tu familia biológica no la quieres conocer, no? ¿Para qué?, o cosas parecidas que no dice con maldad.

“A pesar de que sabes que te quieren con locura, te duele.”

Cuando una familia decide adoptar a una niña o niño, no debe olvidar que esta/e, a pesar de que en el momento de su adopción fuera un bebé, trae ya consigo una mochila con experiencias que afectan a sus vivencias. Por ello, todas nosotras coincidimos en algo: en el papel fundamental de los padres y familias adoptantes. Su cercanía y su acompañamiento en etapas esenciales como la de negación, el cuestionamiento de nuestra identidad y todas aquellas dudas que nos puedan surgir.  Somos conscientes de que muchas veces no podremos alcanzar las respuestas, pero será un alivio contar con esa mano a la que nos podamos aferrar. El camino que cruzamos las personas adoptadas es interno, lleno de experiencias, sentimientos y pensamientos que son difíciles de procesar. Y más aún de verbalizar. Los padres, familias y tutores adoptantes que nos acogen tienen que ser conscientes de esto. Si esto no se acepta, nosotras consciente o inconscientemente terminamos por negarnos a compartir estas cuestiones vitales que nos afectan en el día a día. El racismo interiorizado lleva consigo comentarios y actitudes por su parte que, como bien dice un testimonio, “a pesar de que sabes que te quieren con locura, te duelen.”